9 may. 2012

E-piso-dio 010 · Network, un Mundo implacable

(23-10-1996) ¡¡¡Cuánta razón tenías Andy Warhol!!!: “En el futuro, todos tendremos 15 minutos de fama”. El quid de la cuestión es cómo administrarlos.
   La vida real no es como el final feliz & perfecto de Pretty Woman cuando el príncipe, a ritmo de ópera y en limusina, va a rescatar a la princesa de su torre en el castillo del Reino encantado. ¡Estas cosas solamente pasan en las películas (y en contadas ocasiones en la vida real)! Por eso yo nunca he creído en el amor a primera vista, por su falta de reciprocidad; bueno sí, a veces sí... Sí que creo en el amor a primera vista cuando veo una película y me encanta, escucho una canción o me como un pastel hecho por mi madre, pero entre otra persona y yo, no. Más de una vez, en el Instituto, me sentí como el magistral Bill Murray tratando de ligarse a Sigourney Weaver en Los Cazafantasmas... pero la chica en cuestión me debió de ver a mí como Alien, el octavo pasajero. Sí, todos los típicos tópicos que uno se pueda imaginar si hablamos de rechazo chico-chica, y que ya están inventados, me han pasado a mí, e incluso seguro que alguno lleva mi nombre sin que yo lo sepa al estilo “Plantón Andrés”... hasta que un buen día me dije: ¡Basta ya de sufrir! Y el que se plantó fui yo.
   Y así fue, y así ha sido… hasta ahora, porque nunca me ha gustado hacer el ridículo ni que me dejen en él: suelo tener sentimientos que me diferencian de algunos humanos e incluso de casi todos los robots (no es el caso de Terminator o Robocop, claro está), por eso esto que estoy escribiendo y recordando al mismo tiempo espero que nunca jamás me vuelva a suceder. Pero para entenderlo mejor y aprender de mis propios errores tendré que regresar al jueves por la noche, a la ‘Fiesta Toga’. La primera conclusión, la más severa, sería: “Con lo bien que estaba en casa ¿Para qué fui a aquella bacanal? Si ya sabía yo que iba a ser un desastre…” Pero uno siempre tiene esa duda existencial de “bueno, por dar una vueltecita tampoco me va a pasar nada”. ¡Ja!
   Prosigo con la explicación: Un poco detrás de la Facultad de Medicina, pero lo suficientemente cerca como para que fuésemos a pie… vestidos de romanos, hay un campo de fútbol, al lado o dentro de una Escuela de Ingeniería Técnica Industrial, si no me equivoco, que fue el lugar elegido por los alumnos de Medicina para instalar la carpa que acogería el evento, amenizado por el grupo Los Sencillos, cuyo hit ‘Bonito es’ tocaron hasta en 3 ocasiones: para empezar el concierto, para acabar su repertorio y en el último bis, cuando tres energúmenos en calzoncillos al estilo de los Cabezas huecas invadieron el escenario al grito de… “¡Miqui, Miqui, Miqui!”.
   Sí, éramos nosotros tres: Alberto, Emilio y yo, siendo observados y juzgados ante la atenta e implacable mirada de cientos (incluso miles) de 'compañeros', como sucede en el filme Network... y menos mal que ninguno llevaba cámara de fotos para inmortalizar el momento; un público asistente que lo que quería era entretenerse y emborracharse, y el mini-espectáculo que ofrecimos fue más bien lamentable… aunque con un puntillo de divertido. Y entre todas aquellas personas estaba ella: María.
   María, como la prota enamoradiza de West Side Story, como la institutriz rebelde de Sonrisas & Lágrimas…  María, de L’Hospitalet de Llobregat: así se llama la chica en cuestión por la cual llevo tres días sin ir a clase, ya que estudia también Periodismo. Confesaré que le había echado el ojo en clase, incluso diría que habíamos cruzado alguna mirada furtiva, pero no pasé de un vergonzoso saludo de los míos levantando las cejas e hinchando un poco los mofletes: soy así de simple. Pues durante la ‘Fiesta Toga’ me pareció verla en un par de ocasiones, pero desapareció, y fue después de nuestro pequeño incidente (la seguridad del recinto nos tuvo que invitar a bajar del escenario ante el abucheo general) cuando ella vino a la barra donde estábamos nosotros tres (asombrosamente como héroes de la noche para el sector femenino de la velada) y me dijo: “Con lo tímido que eres en clase... y no veas tú la que has liado. Por cierto, me llamo María”. A lo que yo contesté: "No te pienses que soy siempre así... Bueno, y me llamo Andrés".
   Si jugásemos al Quién es Quién costaría adivinar quién soy yo y quién es ella, porque ambos somos altos y delgados, tenemos el pelo medio corto y de color castaño, llevamos gafas de pasta y nuestra nariz se parece más a la Tom Cruise que a la de Brad Pitt. Bueno, y que yo soy un hombre y ella mucho más guapa que yo. Y fue de este último de quien comenzamos a hablar cuando yo le dije que me encantaba el cine y ella me preguntó si había visto Seven. ¡Como no! Menudo peliculón, sólo superado por Pulp Fiction, bajo mi punto de vista, como el Mejor Film de lo que llevamos de los 90’s (escribiendo de memoria y un poco confuso, aún, por todo lo acontecido). Ah, bueno, y también se sale Sospechosos habituales, ese status social en el que acabamos de entrar a puerta gayola y por todo lo alto... lo alto del escenario.
   Yo cada vez estaba más suelto gracias a las birras y sentía que conectaba con ella: mi Dragon Khan subía y subía, preludio de que pronto comenzaría la caída en picado y empezarían los chillidos y la gente empieza a taparse los ojos, pero mi estado eufórico distaba años luz del de Emilio, que se iba besuqueando con toda aquella muchacha que se le ponía a tiro. Mientras, Alberto hizo migas con la amiga de María; ésta es una norma no escrita entre nosotros: cuando alguno de los dos le presta más atención de lo normal a una chica, el otro, si hay amiga de por medio aunque sea igual de 'maja' que E.T. o Willow, hace las veces de cordial acompañante; y normalmente suelo ser yo el del papel secundario, pero en lo que llevábamos de noche me estaba mereciendo el Oscar al Protagonista... iluso de mí.

Continuará…

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